EL PODER DE LA GRACIA.

meditaciones | 20/07/2022 10:19 pm | Rosalba de Asprilla | 56

Por. Susana Ramírez

(Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna.

Nuestro Padre celestial en su infinito amor le plació proveernos de un Salvador, que entregó su vida en la cruz por toda la humanidad y de esta manera llenar la tierra de su gracia por medio de la reconciliación; entregándonos el don de la salvación y la vida eterna.

¡Qué maravilloso es saber que cualquiera que sea la condición en la que te encuentres, el Señor está dispuesto a levantarte y sacar tu vida del lodo cenagoso, limpiarte y hacer de ti, una persona especial, un vaso de honra para la gloria de su nombre!. En la Biblia encontramos hombres y mujeres que sintieron la necesidad profunda en su corazón de tener un encuentro real con el Señor, para ser renovados, transformados y libres de toda atadura y ligadura espiritual. Su vida quedó registrada como ejemplo y testimonio que solo Dios, tiene el poder de hacernos libres.

María Magdalena era una mujer pecadora con una vida trágica y llena de ataduras terribles, el evangelio de Juan la describe como “La mujer adúltera” que fue traída delante de Jesús, por los escribas y fariseos; porque había sido sorprendida en el acto de adulterio. Ellos buscaban tentar al Señor, ya que, en la ley dada a Moisés debían apedrear a tales mujeres. (Juan 8:7-11) Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Después de esta escena tan dramática y desgarradora es difícil imaginar lo que sintió esta mujer, que casi pierde la vida a manos de sus acusadores. Pero está ahora delante del Señor, el que podía liberar su alma de los siete demonios que la inducían a la lujuria, lascivia y deseos de la carne. Ella tuvo el privilegio y la gran oportunidad de no ser llevada ante los principales sacerdotes para ser acusada y sentenciada a muerte, sino que fue presentada delante de Jesús. Sin embargo, vemos al Señor actuando como abogado por excelencia, para apelar a su defensa y disipar toda obra contraria de condenación quedando absuelta; porque para esto vino a la tierra, para liberar a los oprimidos por el diablo y vendar a los quebrantados de corazón. También vemos a Jesús, actuando como juez, dando su sentencia de liberación cuando le dice: ¿Dónde están los que te acusaban? Ninguno te condenó. Ella dijo: ninguno, Señor, y el juez le dijo: Ni yo te condeno vete y no peques más. otorgándole la libertad que su alma necesitaba, renunció a la impiedad y aceptó ser guiada por su Espíritu Santo. Convirtiéndose en una fiel seguidora del ministerio del Señor Jesucristo. Dios te bendiga

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