DULCES PALABRAS

meditaciones | 03/11/2021 4:06 pm | oasisdesantidad | 68

Por. Susana Ramírez

(Salmos 119:103-104) ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!

Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia;

Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.

En este maravilloso salmo encontramos al rey David, haciendo una exposición magistral de la grandeza y el privilegio de amar, guardar y obedecer la palabra de Dios. Es un capítulo especial donde se evidencia la magnificencia, señorío, sabiduría, de tener arraigada la palabra en la mente y el corazón. Es como un velo que es quitado para entrar al conocimiento del Altísimo, para disfrutar de toda la plenitud de nuestro amado Salvador. De los 176 versículos que componen este capítulo, en 171 aparecen 7 términos que hacen alusión a las Sagradas Escrituras como: ley, palabra, juicio, testimonios, estatutos, mandamientos y preceptos.  Dado a su gran longitud, nos ayuda a maravillarnos en la inmensidad de la Escritura, así como también a recibir la bendición que poseemos cuando nuestra conciencia es despertada por la palabra de Dios.  (Salmo 119:1-2) Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan. Para que la podamos guardar bien, primero debemos de tomarla: no podemos guardar en el corazón aquello de lo cual no hemos abrazado afectuosamente con el corazón.

Todos en algún momento hemos probado y sabemos que la miel es dulce, pero el salmista dice: que la palabra es mas dulce que la miel en su boca; dando entender que cuando saboreas y digieres la palabra de Dios y la pones en practica en tu vida, produce un efecto regenerador que transforma desde adentro hacia afuera. (Proverbios 3:8) Porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.

Amados, la palabra de Dios es su voz escrita, para que todos atendamos a ella y podamos recibir revelación, entendimiento, sabiduría e inteligencia. Ella es un manual de instrucciones que vivifica, corrige y exhorta, además alumbra el camino de todos aquellos que la practican para llegar al cielo.   (Salmos 119:10-11) Mi vida está de continuo en peligro, Mas no me he olvidado de tu ley. Me pusieron lazo los impíos, Pero yo no me desvié de tus mandamientos.

Dios te bendiga.

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