¡CONSUMADO ES!

meditaciones | 03/04/2021 12:30 am | oasisdesantidad | 48

Por: Anagreey Domínguez.

Juan 19:30

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Consumado es. No hay nada más que quede por hacer, nada falta por añadir, ya todo está hecho. En esta obra de amor tan sublime que nuestro Señor Jesús estaba realizando en la cruz del Calvario, que había sido profetizada desde el principio, con aquella promesa de redención en Génesis 3:15 y por medio de los profetas que hablaron acerca de aquel redentor y rey que se estaba cumpliendo en Él.

El hombre solo conocía una manera de poder acercarse a Dios y obtener perdón, por medio de sacrificios de becerros y ovejas, donde aquel animal sustituía al pecador y su sangre derramada, cubría en pecado del hombre y la ira de Dios era aplacada. Jesucristo es nuestro gran Sumo Sacerdote, que no tiene necesidad, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Siendo el sacrificio y la ofrenda para santificarnos y pagar aquella deuda que tenía la humanidad. El Calvario fue testigo de la obra redentora de Dios y de Jesús el gran sumo sacerdote que ofrece el sacrificio perfecto por el pecado. «Pero estando ya presente Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar santísimo, habiendo obtenido eterna redención”, así lo declara el libro a los Hebreos. La muerte de Jesús termina su obra redentora, la obra de reconciliación y expiación, aquella que empezó en un humilde pesebre, el Cordero de Dios ha hecho su gran sacrificio por el mundo. Nuestro gran Sustituto ha pagado el alto precio de rescate, y pagó hasta el último centavo.

¡Consumado es!; es un grito de victoria. Jesús no iba a morir como un mártir más, derrotado por el dolor y el sufrimiento; sino como aquel reconciliador entre Dios y el hombre. Es el grito victorioso de nuestro Maestro, ya no necesitaríamos más sacrificios de animales, que solo cubrían el pecado, nuestro representante, el cumplimiento de una tarea en nuestro nombre, que nunca podríamos lograrlo por nosotros mismos y pagar tan alto precio. Y que todo lo que necesitamos hacer, es llamar a su nombre y creer en lo que Él hizo por nosotros en la cruz. Su sacrificio es suficiente para perdonar nuestros pecados y sellarnos a nosotros en la justicia de Cristo. «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo».

DIOS TE BENDIGA.

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