UN CORAZÓN NO ARREPENTIDO

meditaciones | 13/03/2021 2:39 pm | oasisdesantidad | 95

Por: Anagreey Domínguez.

Lucas 22:1-3

Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo. Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;

Judas, es un nombre en hebreo que significa “alabanza”, nombre propio frecuentemente usado tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, es muy poco lo que sabemos de Judas, antes de que llegará a ser un apóstol de Jesús. Era conocido como «Iscariote», pero fue escogido por el Señor y fue contado como uno de los doce discípulos, el grupo más allegado y su círculo de confianza. Había escuchado las enseñanzas de Cristo, había visto sus milagros e incluso había sido enviado a predicar el evangelio, un hombre con incalculables bendiciones, cerca del autor de la vida eterna, del autor de la salvación eterna, pero a pesar de todos estos grandes privilegios; nunca había rendido de verdad su corazón al Señor y terminó perdiéndose.

Fue un creyente que profesaba junto con los otros once apóstoles, creer en Cristo y anunciar su evangelio, pero lastimosamente no entregó por completo su corazón a Dios, no sirvió con integridad en su corazón, no sirvió con completa sinceridad, a pesar de gozar de grandes privilegios como el ser elevado a una posición de autoridad entre los discípulos; fue designado como el tesorero, pero permitió que su corazón se dañara. Y esto nos indica que, si el hombre no posee convicciones firmes, en vano serán todos los privilegios, bendiciones y oportunidades que se le entreguen; porque todo esto se puede perder.

Lo que llevó a Judas a perder su alma, fue lo que había sembrado y atesorado en su corazón, vivió cerca de Jesús, pero con un corazón no arrepentido, estaba ocupado en otras cosas, lleno de amor por lo material y la ambición al dinero. El pecado nos siega, empieza a drenar lo que hay de Dios en nuestras vidas. Comenzamos a experimentar un proceso de descomposición interna donde tarde o temprano nos rendimos a las malas prácticas y conversaciones. Judas no solo traicionó a Jesús el día que lo besó, sino que su corazón nunca se había arrepentido con total sinceridad y traicionó a su Maestro por solamente 30 piezas de plata, el precio de un esclavo, en el Antiguo Testamento. Como verdaderos cristianos debemos asegurarnos de ser fieles en el servicio del Señor, no importando que sea mucho o poco lo que estamos haciendo, no ser desleales a Dios y a aquellos que nos aman y nos dan su amor. Que nuestro corazón esté verdaderamente arrepentido; reconociendo cuando hemos pecado, y busquemos el perdón de Cristo. Vivamos siempre  para agradar  a Dios.

DIOS TE BENDIGA.

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