El CREYENTE QUE HABLA DE FE

meditaciones | 06/03/2021 2:47 pm | oasisdesantidad | 148

Por: Anagreey Domínguez.

Mateo 7: 26-28

 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

A lo largo de la historia bíblica, vemos como hombres y mujeres que, por causa de su fe, experimentaron y se convirtieron en personas extraordinarias, hablando y confesando por medio de la fe. Podemos citar a un Abraham que, por su grande fe, fue llamado “El amigo de Dios” y “El Padre de la fe”. Fue escogido y sacado de la tierra de Ur de los  Caldeos, y  llevado por un desierto con solo una promesa de parte de Dios. Esto es  un ejemplo vivo para nosotros de lo que es creerle a Dios, de lo que es arrebatar, apoderarnos de la bendición, no por obras ni méritos;  sino por la confianza plena en lo que Dios ha prometido. Abraham creyó esperanza contra esperanza, significa que estaba fuera de toda esperanza, más allá de cualquier posibilidad humana, su situación estaba más allá de toda esperanza, más su cuerpo muerto no se debilitó en la fe, no dudó a la promesa dada por Dios, sino que se fortaleció.

Otro ejemplo que presenta la Biblia, es en los evangelios de Mateo y Marcos, cuando Jesús fue a la región de Tiro y de Sidón y deseaba pasar desapercibido en aquella región, pero su fama se había extendido también incluso en este territorio de gentiles, y una mujer escuchó de su presencia y fue hasta donde estaba. Aquella mujer cananea que su hija tenía un espíritu inmundo; Marcos,  nos relata que era griega, y sirofenicia de nación. La mujer no estaba rogando por sí misma, sino para conseguir una bendición a favor de su hija, dándonos un buen ejemplo de fe y perseverancia. Percibimos también su insistencia y constancia en sus ruegos. Según Mateo, ella seguía a Jesús y sus discípulos dando voces, lo que llegó a ser del desagrado de los discípulos, pero está insistencia se debía a aquella situación que atravesaba su hija.

Al acercarse al Maestro, le ruega por ayuda, y Jesús le responde: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Los «hijos», era referencia a los israelitas, los que estaban sentados a la mesa y tenían el privilegio de disfrutar del ministerio terrenal del Señor y los «perrillos» eran los gentiles, quienes aún no habían sido admitidos a la fiesta. Pero aquella mujer no se dio por vencida, entendió y aceptó sin quejas ni disputas la posición de precedencia que el pueblo judío tenía frente a los pactos y promesas de Dios. Pero no deja de asombrarnos que, aun reconociendo su posición y su necesidad, suplicaba por unas migajas de pan, mientras que los judíos rechazaban el verdadero pan que había descendido del cielo. El Señor sanó a la niña a distancia, por medio de su palabra. Y su fe no fue defraudada, sino que cuando llegó, comprobó que efectivamente una migaja de la mesa del Señor había sido suficiente provisión para cualquier gran necesidad.

DIOS TE BENDIGA.

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