“AMAR Y OBEDECER”

meditaciones | 18/02/2021 9:08 am | oasisdesantidad | 111

Por: Angélica Aguirre

Deuteronomio: 6

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;

y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

En este discurso, Moisés reiteró e interpretó la ley a esta nueva generación que estaba dispuesta a entrar en la tierra prometida La generación que había escuchado la lectura original de la ley en el Monte Sinaí, había muerto.  Esta una enfática exhortación al pueblo de Israel a que conozcan al único y verdadero Dios, era la aplicación constante y práctica de la Palabra, es evidente que la instrucción de la familia ocupa un lugar prioritario en el Pentateuco ya que es un llamado a los   padres a ser insistentes, repetitivos y exigentes a amar a Dios sobre todas las cosas, a guardar en su corazón la palabra y a practicarla por todas la generaciones, una ley que el pueblo judío actual aún conserva, pues desde pequeños los niños son instruidos en la Torá.

Este es un principio que debe ser fundamental en la edificación de toda familia, ya que si vemos la sociedad moderna carece de principios y valores y sobre todo de la enseñanza de la Palabra de Dios en los hogares, lo que es la causa de hogares distorsionados, hijos que no conocen la importancia de tener a Dios en sus vidas por ello se desvían del camino.

Nuestra tarea es enseñar a nuestros hijos el camino de Dios, especialmente en la rutina diaria de la vida. Es importante que nuestras familias vean cuánto amamos a Dios, por la forma en que utilizamos nuestro tiempo, la forma en que hablamos y cómo interactuamos con los demás. Como padres, nuestra tarea también consiste en enseñar a nuestros hijos el camino de Dios en su rutina diaria.  La Biblia  deja  en  claro  que  los  padres  no  pueden  enseñar  algo  con palabras y negarlo con ejemplo. Es por eso que dice que estarán  primero    sobre  nuestros    corazones,     para    poder    después enseñarlo. Es decir, que antes de repetirlo hay que vivirlo.  No podemos enseñar  a nuestros hijos a amar al Señor con todo su corazón, si nosotros no lo amamos primero. No podemos ser padres completos hasta que Dios no sea nuestro padre.

“La Palabra de Dios es el único e insuperable manual de la familia, si se aplica como es debido, sus efectos serán siempre positivos”

¡Dios te bendiga!

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