DEL SUFRIMIENTO A LA GLORIA

meditaciones | 11/01/2021 12:27 am | oasisdesantidad | 39

Por: Angie de Elington

Romanos 8:18

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Quizás al leer el título de esta reflexión se preguntará usted ¿cuándo acabará mi sufrimiento? ¿cuándo vendrá el refrigerio mediante  la gloria de Dios? Tal vez siente que sus fuerzas se acaban, que el tiempo pasa, ora y ora, mas no pasa nada, la aflicción continúa…

 Dios es fiel en sus promesas, así lo registra el libro de Números 23: 19 “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá?” No se angustie ya pronto pasará este período de sufrimiento, ya pronto veremos su mano moverse a nuestro favor o a lo que Él sabe que es lo mejor para nuestras vidas. Aunque parezca interminable este tiempo de aflicción, recuerde que Dios en todo tiene un plan y un propósito. Pues las dificultades que tenemos son pequeñas, y no van a durar siempre. Pero, gracias a ellas, Dios nos llenará de la gloria que dura para siempre: una gloria grande y maravillosa. Porque nosotros no debemos  preocuparnos por lo que nos pasa en esta vida, ya que pronto acabará. Al contrario, debemos  preocuparnos por lo que nos pasará en la vida que tendremos en el cielo. Ahora no sabemos cómo será esa vida. Lo que sí sabemos es que será eterna. (2 Corintios 4:17-18). Santiago escribe en el capítulo 1 versículo 12 de su carta, diciendo: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. La Biblia está llena de promesas de Dios para los hombres y muchas de esas promesas ya se han cumplido. Léala y atesore cada promesa esperando el tiempo cercano en que han de cumplirse en su vida y en su descendencia.

  Amado lector, siga adelante, olvide aquellas cosas que lo atan al sufrimiento, manténgase firme como mirando al Invisible, prosiga a la meta, al premio del Supremo llamamiento que es en Cristo Jesús. ¡Dios te bendiga!

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