Pasajeros de primera, segunda o tercera clase

meditaciones | 02/11/2020 6:55 am | oasisdesantidad | 28

Por: Angie de Elington


Romanos 12: 11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 

Cuenta la historia, un hombre de negocios llegó a comprar un boleto para realizar un viaje en una “diligencia”. El encargado de la boletería le consultó si quería un pasaje de primera, segunda o tercera clase. El hombre se extrañó que existieran espacios seleccionados y optó por adquirir un VIP.

El hombre estando ya sentado en su asiento, de pronto se escucha una voz que solicita a los pasajeros abordar el transporte y a toda prisa se sube una señora y dos niños llenos de “mocos” y un viejito con jaulas y gallinas. Este hombre enfurece debido a que había pagado un boleto de primera clase y debía mezclarse con los otros pasajeros en un mismo espacio. Sin embargo se mantiene en la carreta. La diligencia inicia la travesía, pero minutos después el “cochero” detiene la diligencia frente a una cuesta empinada e informa a los pasajeros que: Los que pagaron primera clase permanecieran en  la carreta, los que pagaron segunda clase subieran la cuesta a pie  y los que pagaron tercera clase  se dispusieran  a empujar la carreta.

El ejemplo anterior es un clásico de lo que ocurre hoy día en nuestra sociedad dentro de los equipos de trabajo, algunos sólo critican, otros simplemente buscan su propio bienestar y pocos son los que realmente colaboran con el trabajo fuerte.

El apóstol Pablo anima a  la iglesia en Roma (Romanos 12:11) a ser diligentes siempre, a servir a Dios con fervor.  Pero ¿cuántos talentos hemos enterrado pudiendo ser de bendición aún para el que no conoce de Jesús?

Hoy es necesario que nos bajemos de la carreta, pero no para subir la cuesta solos sino para ayudar a aquellos que empujan la carreta y  les está costando seguir adelante, quizás porque la cuesta es resbalosa o lodosa. Gálatas 6:2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 

Cuando Dios quiere utilizar un ser humano para bendecir a otros no mira su parecer sino aquella disposición que debe haber en el corazón. Dispongámonos a ser de aquellos que empujan la carreta en todo tiempo aún cuando el camino sea empinado o resbaloso. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. Corintios 15:58

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