TÚ ¿ME AMAS?

meditaciones | 03/10/2020 6:12 am | oasisdesantidad | 58

Por: Anagreey Domínguez.

Juan 21:17

Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Simón, hijo de Jonás; rudo y pescador de profesión, en el lago de Genesareth y residente de la aldea de Betzaida, en la región de Galilea. Se encontraba entre los primeros discípulos que Jesús llamó al ministerio apostólico después de una pesca milagrosa, e invitándolo a ser un pescador de hombres.

Disfrutó de muchos privilegios al lado del maestro, como ser del grupo de los tres más cercanos a Jesús, fue testigo ocular en el monte de la transfiguración, miró poderosos milagros, ciegos recibir la vista, paralíticos caminar, endemoniados libertados, la resurrección de la hija de Jairo y el milagro de la mujer de flujo de sangre, también experimento una revelación divina al declarar con su boca, “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, cuando su Maestro le pregunta si ellos querían irse, como los demás lo habían hecho, después de una fuerte exhortación. Pedro tenía actitudes de temperamento colérico impulsivo, impetuoso, extrovertido, enérgico, efusivo, apasionado, decidido y de firmes opiniones, cuántos de nosotros nos hemos identificado con Pedro, en su rápidez al hablar, en el actuar impulsivamente sin pensar en las consecuencias. Pero el momento de preparación llegó, la hora de la prueba, Pedro cometió el error de su vida al entrar al patio del palacio del sumo sacerdote, para calentarse las manos. No debiera haber acudido a aquel lugar, pero así lo hizo. Y allí cometió la negación de la persona de Jesús, que le trajo como consecuencia el desánimo, frustración de no cumplir con aquella impulsiva respuesta “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”, decepcionado volvió a su antiguo trabajo, a pescar, a las redes. Fue entonces que necesitó de las palabras del maestro, estar en intimidad con él, recordarle aquel llamado que una vez le hizo “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”.

Cuando el Señor le formuló a Pedro la pregunta tres veces, pudo parecer una simple repetición. Pero no fue así. Aunque había una similitud en las preguntas, éstas no fueron idénticas. Simón, hijo de Jonás ¿me amas más que a estos? En calidad de devoción, como el amor de Dios y Pedro le responde: Tú sabes que te quiero (como a un hermano o amigo). Reconociendo que no podía enorgullecerse y responder impulsivamente como antes lo hacía.  Lo que le pidió el Señor al responderle: «Apacienta mis corderos», en otras palabras, alimenta a mis corderos, llamándolo al ministerio. La segunda vez que le pregunta, Simón, hijo de Jonás ¿Me amas? Con ese amor inconmovible, incondicional. Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te quiero. Queriendo decir «Si Señor; tengo afecto por ti». Ya no trataba de elevarse, sobre los demás. El Señor le responde «Pastorea mis ovejas».Y por tercera vez le pregunta, «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? ¿O me quieres como tu amigo y tu hermano? Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.» Era un momento determinante, para aquel llamado que el apóstol había recibido, y lo mejor que podía hacer era expresarle al Señor su afecto por él. Ya no podía jactarse y enorgullecerse al responder con gran impulso como una vez lo hizo, porque era consciente de que el Señor conocía su corazón y sabía de su afecto sincero por Él.

Si Jesús, hoy te preguntará ¿Me amas?

¿Cuál sería tu respuesta?

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