Siempre Habrá Esperanza

meditaciones | 24/09/2020 2:49 pm | Rosalba de Asprilla | 26

por: Angélica Aguirre

Juan 5:5-8

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?

Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

El evangelio de Juan selecciona solo siete milagros como señales para demostrar la deidad de Cristo, a diferencia de los otros 3 Evangelios Sinópticos, el propósito de Juan no era mostrar la vida cronológica del Maestro sino enfatizar que Jesucristo era “el Hijo de Dios” totalmente Dios y totalmente hombre. Este milagro solo es mencionado en el libro de Juan. El nombre de este estanque era Betesda, que significa “Casa de Misericordia” podemos imaginar el escenario encontrado en este lugar, pues, la Palabra nos indica que ahí había una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, el estanque podría representar la condición de la humanidad pero también la esperanza para mucho de nosotros al conocer que siempre habrá una casa de misericordia y de gracia para nuestras vidas donde podamos refugiarnos y recibir  esa esperanza que necesitamos.

Cuando leemos el pasaje completo vemos que el paralítico  al igual que los demás allí presentes esperaban el movimiento del agua, imagínese  la prisa, el ruido, el alboroto cuando esto sucedía, y la desesperación por llegar de primero al agua, muchas veces esperamos que nuestro milagro ocurra así, pero aquí vemos que en un día de silencio, donde nadie esperaba que eso ocurriera pues era día de reposo,  lo podemos comparar con Elías que espera escuchar la voz de Dios en el terremoto, en mucho ruido, sin embargo,  Dios se presentó como una suave brisa, es decir que cuando todo está en silencio, Dios está obrando un milagro especial en nuestras vidas. También es interesante conocer que aquí la gente esperaba la presencia de una Ángel que garantizaba el milagro, y maravilloso contar con esa protección divina, pero aquí llegó el Creador de los ángeles con su presencia insustituible, es decir, que cuando más necesitados estamos, Él extiende su mano de misericordia y su presencia divina hacia nosotros.La parábola nos muestra a un hombre que hacía mucho tiempo que estaba enfermo, y ante un escenario prácticamente imposible, tenía fe, de lo contrario no estaría allí, pero también podemos pensar que estaba en su “zona de confort” donde muchas veces nos encontramos en una condición espiritual lisiada y no damos la milla extra para salir de allí, porque esperamos que algo extraordinario nos ocurra, estamos confiando en la ayuda de otros, en la experiencia espiritual de otros,  en la oración de otros,  estamos tal cual este paralítico con un “pero” porque cuando Jesus llega le pregunta ¿ Quieres ser sano?  No dijo “SI QUIERO” que se supone que era lo que realmente esperaba, ser sano independiente si se movía el estanque o no, esa era su necesidad. Él lo primero que busca es una excusa y dice “Señor no tengo quien me meta en el estanque” Amado hermano y amigo podríamos pensar que pregunta tan extraña, ¿Quiere ser sano? Para nosotros sería una pregunta ilógica, pues, obvio que si estaba allí esa era su necesidad y qué pregunta la del Maestro, pues, sabemos que Él todo lo sabe y conoce cuál es nuestra condición, pero muchas veces espera que confesemos   nuestra necesidad directamente a Él, y conoceremos cuán grande es su bondad y misericordia.  Amén.

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