La libertad que produce el perdón.

meditaciones | 21/09/2020 9:14 pm | Rosalba de Asprilla | 43

Por: Angie de Elington

Mateo 6:14-15

14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Mateo 6:14-15

Cuenta la historia que la esclavitud estuvo muy relacionada a las guerra o eventos bélicos donde varias civilizaciones del mundo antiguo estuvieron involucradas y el fin de la misma, era tomar los prisioneros de guerra para someterlos a trabajos forzosos que iban desde la construcción hasta lo doméstico. Muchas manifestaciones ocurrieron, las cuales abolieron esta práctica tan inhumana. Una de ellas fue la emancipación legal donde el esclavo era perdonado y declarado libre por la máxima autoridad ante la sociedad.

Hoy día vemos que existe la esclavitud, pero desde una perspectiva diferente. Cada persona se ha hecho esclava de sus pasiones y deleites pasajeros como nos dice la escritura en el libro de Juan 8:34. Se hace necesario entonces que cada persona “esclava del pecado” acuda a la máxima autoridad, JESUCRISTO, para que pueda ser perdonado y así poder experimentar aquella gloriosa libertad que sólo podemos percibir los que hemos sido perdonados.

Muchas veces venimos a los pies de Cristo, pero seguimos siendo esclavos de cadenas generacionales que no nos dejan crecer espiritualmente. Vivimos llenos de rencor, odio o resentimientos de situaciones que tal vez ocurrieron en nuestra niñez o adolescencia con algún familiar o hasta con algún hermano de la fe; pasan los años y aquello sigue estorbando para ver lo que Dios nos quiere mostrar a través de la libertad del perdón. Mateo 6:14- 15 nos aconseja lo siguiente: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

La palabra de Dios nos invita a estar, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estar otra vez sujetos al yugo de esclavitud (Gálatas 5:1). Esto podemos lograrlo perdonando aquella persona que quizás nos hirió o aún más allá,  perdonándonos a nosotros mismos por pecados cometidos que ya Cristo nos perdonó.

Te invito a entregarte por completo a aquel que pagó una vez y para siempre el precio por tu libertad y así experimentar la libertad que produce el perdón.

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